X-Risk: origins
Corrían malos tiempos allá por 1987. El gran Riesgo
corría el ídem de amariconarse practicando un “deporte” (¿?) de cartuli. Estuvo
a punto de enrocarse en la comodidad de un tablero y llevar una vida sedentaria.
Sin embargo, por motivos que no vienen al caso, escapó de la secta del Alfil.
Amén.
El ajerriesguista agonizaba, pero empezaba a
desarrollarse la figura del danger man.
X-Risk: first class
En tercero sufrió una de las mayores desgracias de su
vida: conoció al que parecía ser un gran tipo aunque en estatura era
prácticamente como él.
Pasaron los años y ambos siguieron siendo grandes tipos
encerrados en cuerpazos de menos de 1,80. Pero ahora el destino ha querido que
pronto se convierta en el tipo más alto de Huancayo (y además le llamarán "lisensiado"... ¡qué cabrón!).
X-Risk: Days of future past
Ya entrada la década de los noventa, el inefable Enrique
Rico tuvo la genial idea de obligar al joven Ezquerro a compartir pupitre con
el igualmente joven Navarro — ese tipo al que había conocido un año antes —,
según palabras de aquel profesor chiflado para ver si así al segundo se le
pegaba algo del primero…
Esto fue una de las mayores imprudencias cometidas en la
historia del barrio, solo comparable al derribo de la cueva de la plaza Reina
Sofía o al cierre de Alimentación Bernués: el insensato de Rico no previó las
consecuencias, podía haber funcionado al revés.
Aun con todo, el joven Navarro seguía escribiendo 25
líneas casi a diario como castigo por hablar (¿acaso hablaba solo?) (HQJ, que
es como el WTF español: hay que joderse), hasta el punto de que las hacía en
casa para tenerlas preparadas para el día siguiente.
Para más inri, en aquellos tiempos —cuando las chicas que
se llamaban Paloma o Sole estaban bien pero que bien jodidas (o eran de goma o
les metían con el mechero…)— compartían habitáculo estudiantil con otro fulano
del que aún no ha podido deshacerse (un chaval más Maher que las pesetas). Se
habían juntado el hambre, las ganas de comer y un chuletón de a kilo.
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| ¡Ay omá! |
Pero aquí no acabaron las emociones fuertes. Otro suceso
marcó su vida cual hierro rusiente en ojete de buey: llegaron los exámenes de
canto. Gracias a estos aprendió que por las noches las
farolas del mar no alumbran; que la mujer de uno de los
cuatro muleros que van al río era una pelandrusca que no sabía si la
mula torda era su marido o su cuñado (dicen que se trajinaba a los dos)… en
fin, conocimientos imprescindibles para desenvolverse con éxito en un mundo
hostil).
El peligro se cernía sobre el pequeño Ezquerrín. Algún
quería-ser-cura-pero-me-he-quedado-en-esto (nombre científico Lasalianis
hermanus) fraguó en su mente perversa el castigo máximo: quedarse a
mediodía a hacer una página de caligrafía.
Pero ni siquiera este ardid maquinado por una mente atroz
en lo más recóndito de su tugurio lúgubre, cochambroso y maloliente pudo con
él. Más aún, después de soportar tan duro castigo mental lo vio claro: le gustaba
el peligro, disfrutaba con el riesgo… y haría que esa sensación fuese luz y
guía de su aventura vital.
Pero no todo iban a ser obstáculos, también aprendió a
recitar “La zorra y las uvas”,
fragmentos de La vida es sueño
y otras joyas de la literatura como el uno y el dos.
Y así, entre pitos y flautas, fue pasando la vida. Llegó
el final de la EGB, el viaje a Palma… y la entrada en el mundo gargallero, pero
eso ya es otra historia.

jaajajaj ostia qué genialidad de post, Navarro.
ResponderEliminarEstamos de acuerdo que Enrique Rico (cara de Borrico creo recordar que era la muletilla) era un anciano decrépito y pedófilo incluso, era más de la vieja escuela que su propio abuelo; bueno, de hecho era él mismo su propio abuelo jajajaja (si, se me va la castaña)
Recuerdo perfectamente las basuras que nos hacía cantar sisi, la puta farola en el mar y los cuatro muleros están los primeros en el top-ten bubónico de cánticos populares de la España de posguerra, espero que la muerte haya hecho justicia y se lo haya llevado al fondo del Cocito para que el señor Hades haga el resto.
Anécdota absurda que me acabo de acordar: Con Enrique Rico en 5º de EGB, nos dijo un día que para pintar con témperas al día siguiente teníamos que traer: témperas, pincel, trapo y un POTORRO (palabras textuales). Cuando el dije a mi madre con 11 años que tenía que llevar un potorro a clase lo flipó a mil jajajajaj! ANCIANO DEGENERADOOOO
Hostia, es verdad, no me acordaba de lo del potorro, ja, ja. Vaya figura!
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